La principal función del azúcar en el organismo es proporcionar energía a nuestras células. Actúa como combustible y participa en el funcionamiento de los diferentes órganos, como el cerebro y los músculos; sin embargo, su consumo debe de ser equilibrado para evitar cualquier efecto adverso sobre la salud (1, 2).
Existen varios tipos de azúcares, también llamados hidratos de carbono; dependiendo de su fuente, desempeñan funciones diferentes y necesarias para mantener al organismo.
Los denominados hidratos de carbono complejos son aquellos que se absorben más lentamente en el intestino y contienen fibra, la cual es indispensable para la salud gastrointestinal. Se recomienda que el aporte principal de azúcar en la dieta provenga de este tipo de hidratos de carbono por su mayor aporte de vitaminas, proteína y fibra. Los hidratos de carbono complejos se encuentran en los frijoles, las lentejas, los cereales (tortilla, arroz, pasta) y frutas, de preferencia con cáscara. (2).