Este aspecto espanta a las personas, quienes creen que se trata de un insecto venenoso; no obstante, se trata de un animal inofensivo que la mayor parte del tiempo se encuentra bajo tierra. Aunque el “cara de niño” no ataca deliberadamente, sí puede llegar a defenderse con una mordida que resulta bastante dolorosa para quien la recibe.
El grillo de Jerusalén tiene mandíbulas fuertes, las cuales son utilizadas principalmente para excavar en la tierra y consumir una variedad de alimentos, que incluyen tanto materia vegetal como pequeños insectos. La mordida de un grillo de Jerusalén raramente causa daño significativo a una persona, ya que no son venenosos y su mordida no suele ser lo suficientemente fuerte como para perforar la piel humana de manera grave.