Se extraña todo de Michael Jackson: su guante con brillos, las medias blancas que contrastaban con sus mocasines negros, sus letras que reflejan preocupaciones sociales y esperanzas de un mundo mejor, la voz aguda y suave a la vez, el gesto de agarrarse la entrepierna y el típico moonwalk que miles de niños practicaron en su casa en la década del 80. Todo se lo extraña desde aquel 25 de junio de 2009 que su vida se apagó. “La música ha sido mi salida, mi regalo para todos los amantes de este mundo. A través de mi arte, sé que viviré para siempre”, dijo a modo de premonición. El legado de Michael Jackson incluye no sólo su impacto artístico sino también una astronómica herencia, que continúa siendo motivo de controversia incluso a 15 años de su muerte.
El eterno niño prodigio
“Hay mucha tristeza en mi vida pasada. Mi padre me golpeó. Era difícil subir al escenario”, confesó el autor Thriller cuando ya era un artista consagrado sobre su infancia. Michael Joseph Jackson nació el 29 de agosto de 1958 en Gary, Indiana, y entretuvo al público casi toda su vida. Su padre, Joe, había sido guitarrista, pero se vio obligado a renunciar a sus ambiciones musicales tras su matrimonio con Katherine Esther Scruse, la madre de Michael. Juntos, estimularon los intereses de su creciente familia.